domingo, 14 de marzo de 2010

Chains




Escucha mientras lees.



"Acostado en la penumbra, volvió la pesadilla. En ningún momento había cesado de acecharle, sólo precisaba del ambiente propicio para reaparecer. Se estremeció. Los escalofríos se entremezclaban en su ser con un sudor gélido que se manifestaba en el goteo de sus sienes. No osaba entornar los párpados y abandonarse al sueño, pese a lo extenuado que se sentía. ¿Cuántas noches hacía que no lo visitaba un descanso reparador?"

[. . .]

[. . .]

[. . . ]

[Jota]

(. . .)

[Jota]

(. . . ¿Qué?)

[Despierta]

(. . .)

(. . . ¿Quién eres?)

[¿No es evidente? Tienes que despertar]

(No . . .)

[Vamos, ya es hora]

(No. . . por favor no me obligues)

[Abre los ojos]

(No, no quiero)

[¿Qué pasa?]

(Sabes lo que pasa)

[Hablemos de ello]

(No quiero hablar, quiero que te vayas)

[No, tenemos que hablar]

(No, vete)

[. . .]

(Siempre estás ahí. Siempre ahí, incluso ahora, mientras duermo, estas ahí)

[. . .]

(Contigo encima, cada minuto, cada instante. . . eres la obsesión que me obsesiona, no me dejas vivir)

[Sabes que me necesitas]

(No. . . no te necesito, estaría mucho mejor sin ti, todo iría mucho mejor sin ti)

[Solo busco lo mejor para los dos]

(No, mientes, lo mejor para ambos sería que pudiera descansar)

[Ya has descansado, ahora es hora de que te levantes]

(No te equivoques, cuando digo descanso me refiero a descanso sin tí, siempre estás ahi, en un rincón, recordándome cuánto tengo que hacer y que poco tiempo, machacandome una y otra vez hasta quebrarme)

[Dejaré de hacerlo cuando acabes tu trabajo]

(. . . No soy estúpido, el trabajo nunca acabará, nunca acabará, haga lo que haga, seguiré escalando la pared del pozo que se hace más profundo a cada segundo)

[. . . Deja de quejarte]

(Pues deja de volverme loco, ¿Sabes qué me dijeron el otro día? Que por qué me ponía a musitar de forma inteligible mientras camino a solas. Es por tí, es por tu culpa. Tú me estas alterando)

[¡BASTA! ¡LEVÁNTATE DE UNA VEZ!]

Abrí los ojos y contemplé los reflejos de la capa de yeso del techo sobre mí, el sol se filtraba por la ventana y creaba juegos de luces y sombras con el gotelé del techo. Suspiré y me levanté. Me puse las zapatillas y caminé hasta el escritorio. Me senté y ajusté el paralex a la mesa. Cogí el estuche y busqué un estilógrafo de 0,1 mm de diámetro. Alcé la punta, del aspecto de una aguja, me detuve en seco. En el cristal de la ventana mi rostro, reflejado, mostraba unas enormes manchas violáceas justo debajo de los ojos.

-¿Hasta cuándo?- Musite entre dientes. . .

J.

No pasa de esta semana que pase a que me vea un médico. . .

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