domingo, 23 de mayo de 2010
Bajas Presiones
domingo, 16 de mayo de 2010
(Sin título)
Y de la semilla, nace la vida. Bajo una húmeda capa de tierra fértil, una pequeña semilla es abierta. Sus raíces, suaves y tiernas, alcanzan cuantos nutrientes pueden para permitir la germinación del tallo. Éste, cual topo en sus túneles, se abre paso a través de las capas de tierra que hay encima de él. Sin embargo, parece que el tramo nunca termina. El tallo sube y sube, pero no consigue alcanzar la luz. Por suerte, no se da por vencido y consigue resquebrajar el suelo. Mas no se encuentra lo que esperaba. No hay luz. No existe el brillante destello del sol. Sólo oscuridad. El cielo, totalmente apagado. Ni luna ni estrellas enturbian la sobrecogedora oscuridad. El recién nacido, asustado, no sabe qué hacer. Tiene miedo a crecer, pues esa oscuridad podría engullirlo. Su piel, verde brillante, adquiere tonalidades amarillentas frente a ese miedo repentino. No sabe qué hacer. De repente, sus raíces se mueven solas, sin preguntar a su voluntad. Buscan algo, pero... ¿qué? Ni siquiera el mismo tallo lo sabe. Ni siquiera sabe que el color marrón tenue de sus raíces se ha tornado oscuro, casi negro como el carbón. No sabe que esas raíces, que deberían dar vida, sólo traerán muerte. Aquello que buscan esas ennegrecidas raíces es algo a lo que aferrarse, como el marinero que se aferra a un tablón de madera despues del naufragio. Las raíces se aferran a la vida. Se aferran a la muerte. De pronto, encuentran algo enorme en comparación a su diminuto tamaño. Aunque lo más importante es que desprende alegría. Desprende vida. Las raíces se aferran a ello. Al instante, un agónico dolor recorre todo el camino que habían recorrido el tallo y las raíces hasta ahora. Seguidamente, un imperioso impulso por consumirlo todo. No se ha dado cuenta que ha perdido todo su verde vivaracho y que su sustituto es un ponzoñoso amarillo oscuro descolorido. Sin embargo, el dolor se atenua al absorber la vida a la que se han aferrado sus raíces. Ello le proporciona un placer extremo, casi orgásmico. Un placer morboso y macabro. El tallo se siente bien. Ya no recuerda el miedo a la oscuridad, por lo que retoma su crecimiento. Y a medida que crece, un halo de putrefacción se extiende a su alrededor. Muerte y caos se arremolinan tanto alrededor de las raíces como alrededor del tallo de la planta. Incluso las hojas han perdido su color verde vivo. Y cuando sus raíces no pueden extender más su aura de muerte, empiezan a agrandarse al mismo tiempo que la planta florece. Sus flores, de colores apagados, emiten un olor desagradable, propio de un cadáver en descomposicón. Sus formas grotescas espantan la poca vida que queda a su alrededor. La planta se siente satisfecha. No obstante, al poco tiempo, sus flores se pudren. No han logrado ser fecundadas. La planta se siente desolada. Se pregunta qué habrá hecho mal. Le queda poco tiempo. Se arrepiente de haber arrancado tanta vida. Sin embargo, su arrepentimiento no la curará de su desdicha ni de su muerte.
Kratos
domingo, 9 de mayo de 2010
Despertar
La noche era opaca, una espesa niebla cubría,como si de ceniza se tratase,la ciudad. La humedad y el frío entraban por igual en sus pulmones, a la par que el el viento musitaba una extraña sinfonía en sus oidos. Su sombra se alargaba tras el paso de cada farola y la luz de la siguiente farola era la única guía en aquel paseo. Se había hecho ese camino miles de veces y sin embargo le seguía resultando desconcertante.
Una sombra negra apoyada a una columna de ladrillo rojizo espera pacientemente como cada dia desde cuando podía recordar."Sabes lo que te conviene" le musitaba al oído mientras el caminante pasaba de largo, como si de una nube de polvo y ceniza se tratase. Aquella sombra era insistente, se había pasado años intentándolo, su vida dependía de ello pero el caminante nunca se planteaba escucharlo.
El videoclub estaba cada vez más cerca, sólo un polideportivo ruinoso y en obras le separaban de aquella luz rojiza de 24 H. Sin embargo la sombra era insistente, había llegado casi la hora y como cada noche luchaba por evitar su muerte, era hábil pero sólo podía esperar e intentar hablar con el caminante.
El corazón de nuestro caminante se aceleraba al paso del polideportivo, y alli volvía a esperarlo aquella infame sombra, apoyado sobre la reja oxidada. No podía evitar sentir miedo y a la par atracción, eran tantos años a su lado...
"¿Vas a dejarlo así?", aquella voz, tan familiar...tan profunda...su respiración aún seguía cortándose cada vez que la oía, sin desacelerar su paso nuestro peregrino saca de su bolsillo un cigarrillo, el tabaco había sido su mejor metodo de abstracción, aunque sabía cual era el precio a pagar...
Apenas quedaban unos diez metros para llegar a gestor de renta de películas, se podía sentir en sus ojos aquella ansia de terminar con aquel paseo, aquella necesidad de acortar aquellos desesperantes momentos...miró un momento su móvil, la hora llegaba.
La centralita estaba vacía, algo le desconcertaba, aquella sombra no le espera en la columna como era costumbre, se relaja, nuestro protagonista siente la calma de después de la tormenta, busca en su chaqueta la tarjeta para poder hacer posible la devolución, y alza la vista...
Su corazon se acelera, su repiración se corta y una ardiente ira se apodera de su cuerpo. Por fin aquella maldita sombra se había mostrado, le miraba fijamente a los ojos, aquellos ojos desafiantes...
Le golpea consicutivamente, sus manos sangran, pero el dolor aún no se hace presente, la sombra le sonríe, "Sabes que serías capaz...liberame".
Tanto sufrimiento, tanto dolor la razón vuelve a nuestro caminante, ve el cristal de la centralita destrozado y como su sangre fluye por sus manos y por los cristales rotos, la alarma suena...Busca en sus bolsillos, la encuentra, pero esta vez no se la introduce en la boca, espera...piensa...
Sus ojos muestran el mismo signo de desesperación y cansancio que los de quella sombra...escucha un suave murmullo "Vuelve a ser tú".
Muchos son los pensamientos que abordan a nuestro caminantes, posibilidades remotas y posibles, necesidades y ambiciones, pero todas convergen en un punto...él mismo. En un acto de determinación lanza la pastilla y una tormentas de ideas le saturan. Sonríe, se siente relajado, completo, capaz. Mira a su alrededor y solo dislumbra la luz de las farolas sobre una atmósfera de ceniza. Tantos años inutilizado, tantas afrentas recibidas, una mueca surge en su rostro, sabe que es la compensación de la sombra a su decisión. Devuelve la película y camina hacia la oscuridad, tantas cosas que planear y tan poco tiempo...la noche es muy larga...
Asomado en su balcón observa como una figura pensativa camina a lo largo de la carretera...ambos se miran...un escalofrío recorre su espalda mientras la figura desaparece en la noche.
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