viernes, 18 de diciembre de 2009

La ILP y las corridas de toros





En relación lo acontecido en el parlamento de Cataluña estos días, no puedo sino decir “chapeau, me quito el sombrero” ante una medida que, sin entrar en su catalanismo o no (pues ese aspecto me es más bien indiferente), se ha estado cerniendo cada vez más necesaria, desde mi punto de vista, desde hace muchos años.

Sin embargo sería tendencioso o incluso necio negar que esta práctica popular pertenece a la historia y cultura de España (y, a mí juicio, a Cataluña aunque este debate a ellos se lo remito) como también lo han sido a lo largo de la historia la Santa Inquisición (entre 2700 y 4000 muertos), Los golpes de Estado (siete ejemplos: “La Ortegada” 1860; La Gloriosa” 1868; Primo de Rivera 1923; “La Sanjurjada” 1932; Azaña 1934; Sanjurjo, Mola y Franco 1936; Tejero 1981), Las guerras civiles (Entre ellas: I Guerra civil Castellana 1356-1361, Guerra civil Catalana 1462–1472, II guerra civil Castellana 1465-1468, Guerras de independencia hispanoamericanas 1808-1825; I Guerra Carlista 1833-1840, II Guerra Carlista 1846-1849, III Guerra Carlista 1872-1876, Guerra civil Española 1936-1939) o el retraso, al menos de mentalidad que España lleva con relación a Europa desde quién sabe cuando. Historia, cultura ¿Tradición? Quizá sería perverso aseverar que estas prácticas son algo tradicional si las entendemos como una tradición que se mantiene para conmemorar la memoria de un pueblo, sin embargo si podrían entrar en el contexto de que forman parte de la tradición y el folklore español. No obstante son cosas que, a día de hoy (y esperemos que de mañana) hemos dejado de hacer por considerarlas un barbarie y un atentado contra los derechos humanos y democráticos en general, en cambio con los toros no nos sale tan a priori ese celo por defender los derechos de los animales, y eso es quizá una un grave error por parte de nosotros, el animal dominante por antonomasia.

Otro aspecto que me ha causado bastante gracia es reconocer entre muchas de las caras que defienden la fiesta popular las mismas que atacan los derechos de las mujeres a abortar, bien, ni que decir tiene que una chica que, aún tras ser violada, aborta a un niño no nato cuyo sistema nervioso no se desarrolla lo suficiente para sentir dolor hasta el séptimo mes de embarazo “esta cometiendo un flagrante asesinato”, mientras que prohibir el acuchillamiento de un toro hasta su extenuación y posterior muerte para espectáculo y entretenimiento de una masa de discutible sensibilidad y compasión es un claro sinónimo de “coartar las libertades de los seguidores de la fiesta”.

Quizá caigo en un error al pensar que la gente cree que los toros no sienten dolor o simplemente no tienen sentimientos, no experimentan el miedo, la tristeza o la alegría ni son capaces de reconocer a personas o a lugares pero, sinceramente, prefiero pensar de ese modo a pensar que son totalmente conscientes de ello y, aún con esto y con todo, son capaces de vitorear a un hombre vestido de lentejuelas que, y esta es una opinión personal, tiene mucho más de carnicero que de valiente, ya que si fuera realmente valiente y tuviera tanto cuajo como supuestamente tiene, no entraría al ruedo con una espada o una pica, dejando así, entre él y el toro, igualdad de condiciones. Que, si me dieran una escopeta y cartuchos, yo también podría matar un toro, sin embargo yo me negaría en rotundo a cometer un acto tan execrable. Bien, opinión personal, ya cada cual que sea coherente con sus pensamientos que yo lo seré con los míos.

Solo me resta desde aquí enviar mi apoyo y mi respeto a la Plataforma Prou!, principal movilizadora y de esta iniciativa y a todas las entidades y personas que la respaldan y desear que todo esto termine en algo que podamos escribir en los libros de historia y sentirnos orgullosos de haber subido un escalón.
Si, como yo estás interesado/a en esta iniciativa puedes encontrar más información en la página de la plataforma: http://www.prou.cat/castellano/

Yo no soy ni un personaje célebre ni un famoso ni nadie a tener en cuenta más de lo que se tendría un ladrillo en un muro, un muro que me alegro de apoyar.

Gracias por escucharme.

Alicante a 19 de Diciembre de 2009

Jesús Joaquín Leal