lunes, 25 de octubre de 2010

El Bosque

"—Date –conminó de nuevo– o te mato.
El capitán reflexionó un instante. Conocía la suerte que esperaba a los regicidas: torturados hasta la muerte y luego hechos cuartos. No era un futuro agradable.
—Mejor me matas.
Miraba el rostro barbudo del que hasta esa noche había sido su amigo –estaba perdiendo amigos con demasiada rapidez."


Dos personas llegaron a un mismo bosque en dos dimensiones paralelas. Las dos exploraron el bosque y decidieron que les gustaba, por ello, decidieron quedarse a vivir en el lugar.

La primera persona quería hacerse una casa, así que diseñó una mansión de mil metros cuadrados, taló todos los árboles que estaban en el lugar donde iba a construirla y con su madera se fabricó la mansión. La segunda persona también quería una casa, de modo que espero recogiendo las ramas que caían de los árboles, durmiendo al raso muchas noches, hasta que pudo construir una humilde cabaña en un pequeño claro, cerca de un álamo.

La primera persona descubrió que la maleza le dificultaba el paso, así que la arrancó toda y asfaltó un camino con alquitrán para caminar cómodamente. La segunda persona sin embargo decidió que la dificultad para caminar era algo que pertenecía al bosque, y aprendió a vivir con ello.

La primera persona encontró un gran lago transparente con corales en el fondo. Para aprovecharlo mejor, lo drenó completamente con un camión cisterna y se hizo una enorme piscina con jacuzzi en el porche de su mansión, cogió los corales que quedaban en el fondo y los empleó para hacer una exquisita decoración para su casa. La segunda persona, maravillada por la majestuosidad del lago, se construyó un diminuto muelle en una de sus orillas, con cuidado de no tocar demasiado el lago, y a este amarró una pequeña balsa que fabricó con las ramas que le sobraron de la cabaña. Y cada día cogió un cubo de agua para beber y regar el álamo que crecía junto a su cabaña.

La primera persona no podía dormir, los insectos le molestaban, así que fumigó todo el bosque, aniquiló a todos los insectos que quedaban vivos y la jugada le salió redonda, ya que con ellos cayeron los pájaros que de ellos se alimentaban y cuyo canto a aquella persona también le molestaba. La segunda persona indagó un poco, recolecto algunas frutas y se fabricó una loción que repelía a los insectos que se untaba en la piel cada noche.

Un día la primera persona miró a su alrededor y descubrió que ya no quedaba nada de bosque. Había moldeado a su antojo aquel lugar hasta que había perdido lo que lo hacía tan especial, entonces se sintió como si el bosque le hubiera abandonado.

Para la segunda persona ese día nunca llego.

Pequeña alegoría.

J.

miércoles, 13 de octubre de 2010

The Fourth

"We're all one thing, Lieutenant. That's what I've come to realize. Like cells in a body. 'Cept we can't see the body. The way fish can't see the ocean. And so we envy each other. Hurt each other. Hate each other. How silly is that? A heart cell hating a lung cell." Donald Kaufman, The three.

The young man, tied up to a chair, stared at his opponent with the hate burning in his eyes.

–You fucking monster! How do you dare to do this to me?! I´ll kill you! and you– his eyes fell upon a figure who stood at the corner

–How can you let him to do what he wants? You, probably the best person in this room.

The man opposite to the chair laughed.

–Calm yourself down J. Or I must remember you how finished your reign? Let me think... Oooh yeah, I remember, with a fucking ocean of pain.

–He´s right J. He is on charge because is the better for all of us.

–Oh really? So tell me: How are you doing guys? Do you feel happier? Cause I´m actually not.

–Well, then cry. That´s what you know to do best aren´t you?

–You bastard! In fact I think that you know a lot of it too.

–Maybe but do you know something? At least my butt is not tied up to a chair yet.

–By the moment.

–Why are you always fighting? I can´t have a moment of peace...

–You know this is bad, you know that he just have brought pain to us and to others. J. Stop him now that you can.

–Actually I can´t, J. He have been in charge too much time, now he´s smarter than me.

–So close your mouth, what a hell of guy, stop babbling you give me headache.

–We´re doomed...

At this moment, the room´s door opened slowly, across the doorway, a young man was waiting to enter to the room. He was an average-heighted man, black curly hair, brown eyes and serious look painted in her face.

He advanced to penetrate into the room and closed the door behind him.

–And who the heck are you boy?

–You don´t know? I am the fourth, I´m here to fix your mistakes.

–My mistakes?! That´s incredible man, go away before I kick your butt to the stratosphere.

–I don´t think so, I am the next we want to be and I have strong ties to fight for.

J.´s face turned white, but he recovered quickly and adopted a defensive position.

–Well, you know how this thing works...

The newcomer adopted the same position and faced him.

–For your information I didn´t expected nothing less.

Fable.




J.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Hoppeless

Es curiosa la forma en la que ves las cosas cuando caes con el rostro vuelto hacia el cielo.
Ves como todo se aleja en una carrera desenfrenada hacia el suelo.
Ves a la última persona que trató de cogerte y su rostro se graba a fuego en tu retina, incluso después de muerto. Te preguntas que piensa mientras te contempla cayendo al vacío con la cara retorcida por el terror y la angustia, probablemente eso, terror y angustia, porque en esos instantes tu cerebro trabaja a mucha más velocidad que el suyo ¡ah! el instinto de supervivencia, la eterna lucha entre animal y hombre, entre emoción y voluntad... La primera y última barrera que mantiene a raya el nihilismo auto destructivo de los hombres. Nunca es superada del todo sin embargo, una vez se cruza la línea ya no hay nada que pueda contener la marea. Notas el aire nocturno, húmedo y fresco acariciando tu rostro y te despides de él, allí donde vas no hay sensaciones, ni pensamientos, ni dolor...
Es curioso la maraña de pensamientos que desborda tu mente cuando caes con el rostro vuelto hacia el cielo. Piensas en como has llegado allí, en quién eres y quién fuiste un día menos sombrío. Piensas en los que dejas arriba y en el dolor que les vas a infligir, pero sabes que son fuertes y se tienen unos a otros, el mundo seguirá girando después con fría indiferencia. Piensas en seres inferiores que nunca te volverán a ver y que nunca entenderán qué paso, compasivos animales que solo tienen amor para dar al mundo y que, en demasiadas ocasiones, el mundo solo les devuelve desprecio.
Es curioso como la luz de la luna puede llegar a deslumbrar ¿O es quizá que tu percepción sensorial se sobreexcita por la adrenalina? Es difícil saber dónde radica la diferencia, pero no es importante, en realidad sabes que todo dejará de importar en unos segundos.
Es curioso las sensaciones que despiertan, como nuevas, cuando caes con el rostro vuelto hacia el cielo. La negrura aterciopelada del cielo, cuajado de pequeños puntos blancos. El sonido suave y melancólico de las olas, acunadas por la misma brisa que te acuna a ti. El tono rojizo de la tierra, alzándose imponente y señorial ante tus ojos. El tacto de tu propia ropa, suave, acariciador, entonces sabes que estás mas vivo que nunca.
La cuestión es si eres capaz de controlarte para disfrutar ese momento, el último o el miedo y la negrura se apoderarán de tu ser. Pero ya lo sabes, la culpa y el dolor te han acompañado durante cada día de tu vida, arrastrando tus errores, empañando tus victorias. Es pues lo justo que sientas entonces la culpa por cómo finaliza tu corta vida y sientas el dolor que vas a infligir. Pero no importa ya.
Un instante de infinito dolor cuando tu columna se rompe contra las rocas, tan intenso que tu cuerpo se convulsiona, pero después dejas de sentirlos, tanto cuerpo como dolor. Ves una mancha rojiza teñir el agua, rielar a la luz de la Luna, te sorprende descubrir que es tuya, tanto tiempo sintiendo el vacío que habías empezado a creer que no eras más que una cáscara. Se oscurece tu mirada poco a poco y sientes como tu conciencia se evapora en el viento, en un ultimo esfuerzo hercúleo tratas de cerrar los párpados para que los que te encuentren no vean tu cara de dolor, pero no lo consigues. Se te niega la visión, se te niegan los sentidos, se te niega el pensamiento...
y mueres.



J.