lunes, 29 de noviembre de 2010

Kolo

Kolo es una de mis mascotas favoritas. Es un galgo precioso de color marrón moteado y blanco, tiene unas patas largas, un cuerpo delgado y un hocico alargado, que cuando abre para jadear después de una carrera, parece una sonrisa perruna llena de dientes blancos y afilados. Kolo es un perro cariñoso y leal, nunca le he oído gruñir a nadie, sus únicos ladridos han sido de alegría, y cuando hace algo mal agacha la cabeza avergonzado y te mira con ojos tristes, es imposible enfadarse con él.
A Kolo le gusta jugar con un hueso de goma que tiene en su cesta, se pasa horas zarandeandolo de un lado a otro y tirándolo hacia arriba con el hocico para correr detrás de él. También le gusta que le tiren una pelota de tenis cuando pasea por el parque, para ir veloz en pos de ella a recogerla, brincando alegremente con sus largas patas y su lengua colgando, sí, creo que Kolo es un gran perro.

Es mentira, no conozco a Kolo, probablemente no sea su verdadero nombre, ni tan siquiera sé si es un macho, solo que es un galgo. El domingo pasado mi padre me llevó a Alicante en coche, bajando por la salida de la autovía, vimos un galgo que venía por el centro de la carretera, en dirección contraria, solo, de noche. Mi padre lo esquivó y el coche de atrás también, pero no puede ver más alla cuando se perdió por el centro de la carretera. Lo más probable es que Kolo fuera brutalmente atropellado y muriera al instante o pasara unos minutos de dolor insufrible antes de que lo atropellara otro coche.
No sé si quien dejo a Kolo suelto lo hizo a conciencia o por descuido, solo sé que se merece una muerte horrible.

A ver si cualquier día le hacemos un favor al mundo y nos extinguimos.

J.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Inmortal.





  Allí estábamos, sentados sobre el lago helado, en medio de la nada, yo únicamente vestida con su gran camisa negra, adornada por mi pelo desordenado al rededor de la cabeza, él llevaba aquéllos pantalones que tanto me gustaban, sus pies descalzos se deslizaban sobre el hielo como queriendo dibujarme una sonrisa. El vaho se escapaba de nuestros labios con cada respiración, atravesando los millones de diminutos copos de nieve que caían lentamente, casi estáticos en el aire, dando al ambiente un extraño aspecto mágico. La nieve rodeaba todo aquello a partir de los límites del lago, pero nosotros no sentíamos frío, no había nada malo que sentir allí, y ninguno de los dos, sumergidos en aquella extraña, mágica y sobrecogedora situación, íbamos a cuestionar su naturaleza, no nos atrevíamos, Morfeo así lo había querido, él nos lo había dado y él nos lo podía quitar.
-Tengo algo que entregarte...
-Lo sé mi amor, si tú lo sabes, yo lo sabré.
  Con una breve inclinación de cabeza, él sacó de su espalda una preciosa rosa negra de cristal, los detalles eran tales en aquella hermosa escultura, que si no hubiera sido por su traslúcido aspecto no habría sabido diferenciarla de una verdadera rosa. Su belleza era sobrecogedora, estática, eterna. Las rosas eran hermosas no sólo por su belleza, si no porque ésta era efímera, cuando menos te lo esperabas había desaparecido, convirtiéndo la bella rosa en una rosa marchita, débil. Pero aún así la rosa seguirá siendo hermosa, su significado perdurará en tu recuerdo, recordándote que no todo dura para siempre ante tus ojos, pero sí en tu memoria. Sin embargo, el sentimiento de belleza en aquella rosa no existía, ella ya estaba muerta, por lo tanto su significado también lo estaba. Él no podía parar de pensar en ello una vez se dió cuenta, me había regalado una rosa muerta, sin belleza verdadera, tratando inconscientemente de reparar aquélla que yo ya había perdido, él no podía quitárselo ya de la cabeza, por lo tanto, yo tampoco. Sostenía la rosa entre sus manos, sus labios habían formado una mueca rabiosa, impotente y contenida, y con un gemido, las lágrimas comenzaron a brotar líquidas de sus ojos, convirtiéndose en pequeños cristales brillantes antes de chocar contra la superficie del lago y hacerse añicos. Al ver ésto, su rabia tomó por completo la expresión de su rostro, lanzando con fuerza la rosa de cristal sobre la superficie de hielo.
- ¡Ni siquiera mis lágrimas son ya de verdad! ¡Ni siquiera ellas tienen ya sentido! - Su grito quedó ahogado por el estruendo de cristales y hielo, pero su dolor me llegó desde el interior. Me quedé inmóvil, como hasta entonces, mientras una pequeña tristeza se iba apoderando de mí, creciendo en mi pecho. No era una tristeza con la que llorar, de la que intentar escapar para buscar desesperadamente la felicidad, ésta era ya una tristeza calmada, paciente, era la tristeza de quien no espera ya que vuelva la felicidad, era una tristeza que se mantendría allí hasta el fin verdadero de mi recuerdo. Él me miró, aún con los ojos inhundados en lágrimas de diamante, suplicante, pidiéndome que cambiase lo que sucedía. Pero él sabía ya que aquéllo no dependía de mí, que había quedado solamente en sus manos y en las del tiempo, y por lo tanto, yo lo sabía con él.
- Es la hora mi amor.
- No...no lo es, aún no han cantado los pájaros.
  Una leve mirada de la misma tristeza se apoderó de mis ojos, quedando reemplazada rápidamente por el amor, que bullía en mi pecho y luchaba por salir a traves de mis ojos para encontrarse nuevamente con los suyos. Pero no era amor real, era aquél que él tanto deseaba volver a ver, que ya sólo existía en aquel hermoso lago. Bajé la cabeza y dejé que, como todas las noches, desde las puntas de mis dedos hasta mi interior, el fuego decidiera ponerle fin. Él, como siempre, gritó millones de súplicas, mientras sus lágrimas de cristal continuaban resbalando por sus mejillas. A mi alrededor, los copos suspendidos en el aire habían desaparecido, consumidos por el calor de mis llamas. Quería decirle que no me dolía, que ya había pasado, que me había resignado a ello y sólo deseaba que fuera feliz, pero Morfeo no me lo permitía, había decidido que era la hora de marcharse, llenando la estática imagen del lago con los cantos de unos pájaros inexistentes. Sí me iría, pero antes debía despedirme, como nunca pude hacer. Levanté lentamente la mano, acercándola a su rostro, acariciando su suave mejilla mojada por las lágrimas con las yemas de mis dedos, mi piel y su camisa seguían intactas sobre mi cuerpo a pesar del fuego. Siempre adoraba ver el hermoso fenómeno que se producía en ese instante; las llamas de mi mano se volvían azuladas, y conforme la acercaba lentamente a su rostro se iban extinguiendo, evitando la peligrosa caricia, como si una cúpula invisible de dióxido de carbono le protegiera del dolor.
- ¿No lo ves?- Preguntaba, como cada vez, ahogado por las lágrimas.- Me haces más daño tratando de apartar el dolor de mí que dejando que me queme, y como cada vez, hoy no podrás despedirte.
  La losa de culpa volvía a caer sobre mis hombros.
- Lo siento. - Cerré los ojos y bajé la cabeza, dejando escapar una pequeña lágrima de fuego que él jamás vería.
  Mi cuerpo despareció, convirtiéndose en una suave ráfaga de ceniza transportada por el viento que había comenzado a soplar con el extraño canto de las aves. Y allí se quedó él, inmóvil, junto con sus lágrimas inmóviles en su mejilla, los copos inmóviles sobre el aire y los cristales rotos de la rosa inmóviles sobre el hielo, cerrando lentamente los ojos y convirtiéndose para él el canto de los pájaros en un pitido incómodo que anunciaba el fin de la noche.

  Ahora era un recuerdo, el recuerdo de aquella vez, correteando por el pequeño bosque delimitado por el asfalto que había enfrente de mi casa. Corríamos entre carcajadas mientras la lluvia caliente del verano nos empapaba rápidamente, atravesando la capucha de mi sudadera y empapando mis piernas desnudas que sólo cubría parcialmente su minifalda favorita, con cada pisada, mis viejas converse se inhundaban y el agua helaba mis pies, pero en aquellos momentos no me importaba, me encontraba demasiado ocupada observando cómo su camiseta de manga corta empapada se pegaba a su cuerpo y como su pelo chorreaba, empapando su nuca. Paramos de correr, deteniéndonos cerca de la puerta de mi casa.
-Te tengo que dejar ya pequeña, voy a llegar a mi casa empapado.- El amor de sus ojos me llegaba como una ráfaga de felicidad.
- Vale, no pasa nada, desde aquí llego yo solita, no creo que me ataquen por el camino.- Con una pequeña risotada, me acerqué a él y de puntillas le di un suave beso de despedida que respondió atrapándome en un largo abrazo. Luego salí corriendo, con la suerte del tonto feliz, pisando todos los charcos que iban creciendo a mi paso sin importarme lo más mínimo.

  Ahora dormía en su cama, ahora le besaba con amor, ahora le gritaba enfadada por una estupidez, ahora le pedía disculpas, ahora le abraza mientras lloraba, ahora miraba con alegría por la ventanilla de su coche con el pelo revuelto por el viento, ahora le dibujaba un corazón de tinta azul en sus apuntes, ahora cantaba nuestra canción favorita...

  Ojalá pudiera borrarlo, reaccionar para decirle que no quería sentir su dolor, pero no era así, pues no había nada que decir ni sentir por mí misma, tan sólo era el recuerdo que él decidía que yo fuera, con tristeza y dolor me llevaba de un lado a otro con la esperanza de no dejarme morir, de hacerme inmortal en su pequeño mundo. Nadaba en un mar de imágenes e historias, recuperando pequeños retazos de su alegría pasada, pero no de su felicidad. Yo vivía en su recuerdo, era una vida hermosa, él me recordaba feliz, por lo tanto yo era feliz. Pero odiaba las noches, ellas tan sólo le daban el dolor, por lo que me lo daban a mí, le recordaban que nunca se podría librar de aquel sueño en el que desaparezco para siempre, hacían que me odiara, que me culpara por no seguir a su lado para siempre.
  Deseaba que el sueño desapareciera, cuando se olvidase esa pequeña parte de mí yo moriría un poco, pero él podría volver a encontrar la felicidad, y yo seguiría viviendo en sus difusos recuerdos, ya no tan dolorosos, que irían espaciándose con el paso del tiempo hasta desaparecer, llevándome al olvido a mí con ellos, lamentando solamente no poder ser yo quien le diese vida después de su muerte.

Zorita.




P.D: el último vídeo no me gusta, pero la letra de la canción quedaba bien con la historia xD

lunes, 25 de octubre de 2010

El Bosque

"—Date –conminó de nuevo– o te mato.
El capitán reflexionó un instante. Conocía la suerte que esperaba a los regicidas: torturados hasta la muerte y luego hechos cuartos. No era un futuro agradable.
—Mejor me matas.
Miraba el rostro barbudo del que hasta esa noche había sido su amigo –estaba perdiendo amigos con demasiada rapidez."


Dos personas llegaron a un mismo bosque en dos dimensiones paralelas. Las dos exploraron el bosque y decidieron que les gustaba, por ello, decidieron quedarse a vivir en el lugar.

La primera persona quería hacerse una casa, así que diseñó una mansión de mil metros cuadrados, taló todos los árboles que estaban en el lugar donde iba a construirla y con su madera se fabricó la mansión. La segunda persona también quería una casa, de modo que espero recogiendo las ramas que caían de los árboles, durmiendo al raso muchas noches, hasta que pudo construir una humilde cabaña en un pequeño claro, cerca de un álamo.

La primera persona descubrió que la maleza le dificultaba el paso, así que la arrancó toda y asfaltó un camino con alquitrán para caminar cómodamente. La segunda persona sin embargo decidió que la dificultad para caminar era algo que pertenecía al bosque, y aprendió a vivir con ello.

La primera persona encontró un gran lago transparente con corales en el fondo. Para aprovecharlo mejor, lo drenó completamente con un camión cisterna y se hizo una enorme piscina con jacuzzi en el porche de su mansión, cogió los corales que quedaban en el fondo y los empleó para hacer una exquisita decoración para su casa. La segunda persona, maravillada por la majestuosidad del lago, se construyó un diminuto muelle en una de sus orillas, con cuidado de no tocar demasiado el lago, y a este amarró una pequeña balsa que fabricó con las ramas que le sobraron de la cabaña. Y cada día cogió un cubo de agua para beber y regar el álamo que crecía junto a su cabaña.

La primera persona no podía dormir, los insectos le molestaban, así que fumigó todo el bosque, aniquiló a todos los insectos que quedaban vivos y la jugada le salió redonda, ya que con ellos cayeron los pájaros que de ellos se alimentaban y cuyo canto a aquella persona también le molestaba. La segunda persona indagó un poco, recolecto algunas frutas y se fabricó una loción que repelía a los insectos que se untaba en la piel cada noche.

Un día la primera persona miró a su alrededor y descubrió que ya no quedaba nada de bosque. Había moldeado a su antojo aquel lugar hasta que había perdido lo que lo hacía tan especial, entonces se sintió como si el bosque le hubiera abandonado.

Para la segunda persona ese día nunca llego.

Pequeña alegoría.

J.

miércoles, 13 de octubre de 2010

The Fourth

"We're all one thing, Lieutenant. That's what I've come to realize. Like cells in a body. 'Cept we can't see the body. The way fish can't see the ocean. And so we envy each other. Hurt each other. Hate each other. How silly is that? A heart cell hating a lung cell." Donald Kaufman, The three.

The young man, tied up to a chair, stared at his opponent with the hate burning in his eyes.

–You fucking monster! How do you dare to do this to me?! I´ll kill you! and you– his eyes fell upon a figure who stood at the corner

–How can you let him to do what he wants? You, probably the best person in this room.

The man opposite to the chair laughed.

–Calm yourself down J. Or I must remember you how finished your reign? Let me think... Oooh yeah, I remember, with a fucking ocean of pain.

–He´s right J. He is on charge because is the better for all of us.

–Oh really? So tell me: How are you doing guys? Do you feel happier? Cause I´m actually not.

–Well, then cry. That´s what you know to do best aren´t you?

–You bastard! In fact I think that you know a lot of it too.

–Maybe but do you know something? At least my butt is not tied up to a chair yet.

–By the moment.

–Why are you always fighting? I can´t have a moment of peace...

–You know this is bad, you know that he just have brought pain to us and to others. J. Stop him now that you can.

–Actually I can´t, J. He have been in charge too much time, now he´s smarter than me.

–So close your mouth, what a hell of guy, stop babbling you give me headache.

–We´re doomed...

At this moment, the room´s door opened slowly, across the doorway, a young man was waiting to enter to the room. He was an average-heighted man, black curly hair, brown eyes and serious look painted in her face.

He advanced to penetrate into the room and closed the door behind him.

–And who the heck are you boy?

–You don´t know? I am the fourth, I´m here to fix your mistakes.

–My mistakes?! That´s incredible man, go away before I kick your butt to the stratosphere.

–I don´t think so, I am the next we want to be and I have strong ties to fight for.

J.´s face turned white, but he recovered quickly and adopted a defensive position.

–Well, you know how this thing works...

The newcomer adopted the same position and faced him.

–For your information I didn´t expected nothing less.

Fable.




J.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Hoppeless

Es curiosa la forma en la que ves las cosas cuando caes con el rostro vuelto hacia el cielo.
Ves como todo se aleja en una carrera desenfrenada hacia el suelo.
Ves a la última persona que trató de cogerte y su rostro se graba a fuego en tu retina, incluso después de muerto. Te preguntas que piensa mientras te contempla cayendo al vacío con la cara retorcida por el terror y la angustia, probablemente eso, terror y angustia, porque en esos instantes tu cerebro trabaja a mucha más velocidad que el suyo ¡ah! el instinto de supervivencia, la eterna lucha entre animal y hombre, entre emoción y voluntad... La primera y última barrera que mantiene a raya el nihilismo auto destructivo de los hombres. Nunca es superada del todo sin embargo, una vez se cruza la línea ya no hay nada que pueda contener la marea. Notas el aire nocturno, húmedo y fresco acariciando tu rostro y te despides de él, allí donde vas no hay sensaciones, ni pensamientos, ni dolor...
Es curioso la maraña de pensamientos que desborda tu mente cuando caes con el rostro vuelto hacia el cielo. Piensas en como has llegado allí, en quién eres y quién fuiste un día menos sombrío. Piensas en los que dejas arriba y en el dolor que les vas a infligir, pero sabes que son fuertes y se tienen unos a otros, el mundo seguirá girando después con fría indiferencia. Piensas en seres inferiores que nunca te volverán a ver y que nunca entenderán qué paso, compasivos animales que solo tienen amor para dar al mundo y que, en demasiadas ocasiones, el mundo solo les devuelve desprecio.
Es curioso como la luz de la luna puede llegar a deslumbrar ¿O es quizá que tu percepción sensorial se sobreexcita por la adrenalina? Es difícil saber dónde radica la diferencia, pero no es importante, en realidad sabes que todo dejará de importar en unos segundos.
Es curioso las sensaciones que despiertan, como nuevas, cuando caes con el rostro vuelto hacia el cielo. La negrura aterciopelada del cielo, cuajado de pequeños puntos blancos. El sonido suave y melancólico de las olas, acunadas por la misma brisa que te acuna a ti. El tono rojizo de la tierra, alzándose imponente y señorial ante tus ojos. El tacto de tu propia ropa, suave, acariciador, entonces sabes que estás mas vivo que nunca.
La cuestión es si eres capaz de controlarte para disfrutar ese momento, el último o el miedo y la negrura se apoderarán de tu ser. Pero ya lo sabes, la culpa y el dolor te han acompañado durante cada día de tu vida, arrastrando tus errores, empañando tus victorias. Es pues lo justo que sientas entonces la culpa por cómo finaliza tu corta vida y sientas el dolor que vas a infligir. Pero no importa ya.
Un instante de infinito dolor cuando tu columna se rompe contra las rocas, tan intenso que tu cuerpo se convulsiona, pero después dejas de sentirlos, tanto cuerpo como dolor. Ves una mancha rojiza teñir el agua, rielar a la luz de la Luna, te sorprende descubrir que es tuya, tanto tiempo sintiendo el vacío que habías empezado a creer que no eras más que una cáscara. Se oscurece tu mirada poco a poco y sientes como tu conciencia se evapora en el viento, en un ultimo esfuerzo hercúleo tratas de cerrar los párpados para que los que te encuentren no vean tu cara de dolor, pero no lo consigues. Se te niega la visión, se te niegan los sentidos, se te niega el pensamiento...
y mueres.



J.

sábado, 3 de julio de 2010

No es país para memos


"Parece que casi todo el mundo se ha puesto de acuerdo en que el grado de civilización y de progreso se mide por la desaforada capacidad del entorno para meter bulla y que el silencio es cosa de paletos y de gente anclada en los tiempos de maricastaña..."





-Hola a todos, hoy voy a hablaros sobre algo que no mucha gente conoce: el mundial de sudáfrica.-

-Ooooh ¿Y eso qué es Sr, Raist?-

-Me alegra que me lo preguntes pequeño Timy, verás el mundial es una competición en la que 32 países envían a 23 intelectuales a Porculistán cada uno para que se den patadas detrás de una bola de cuero acompañados de música de Bisbal.-

-Vaya Sr. Raist pues dicho así parece una chorrada ¿No? ¿Qué finalidad tiene?-

-Ja ja ja, tiene más de una finalidad pequeño Timy, la primera y más importante es estafarle a la gente grandes cantidades de dinero en entradas y marketing...-

-¿Cómo la iglesia?-

-Exacto Timy, como la iglesia, pero el mundial también es una excelente forma de distraer a la población de problemas más graves como la alarmante cantidad de parados o la reforma del mercado de trabajo.-

-Oh vaya Sr. Raist, pero eso no está bien ¿No tiene nada de positivo?-

-Claro que sí Timy, el mundial sirve para que naciones cutres tengan algo de lo que sentirse orgullosos.-

-No le sigo Sr. Raist, ¿A qué se refiere?-

-Lo que quiero decir es que mientras los suizos se jactan de tener una de las mejores economías del mundo, o los fineses se sienten orgullosos de su gran sistema educativo, países como el nuestro puede ir por ahí con la cabeza alta porque somos los mejores en darnos patadas detrás de una bola de cuero.-

-¿Pero Sr. Raist, es realmente algo de lo que sentirse orgulloso?-

-Buena pregunta Timy, dime ¿Va a ser mejor tu vida si ganamos el mundial?-

-... No...-

-En efecto, pero la gente no parece pensar igual que tú Timy, por ello celebran por todo lo alto cada partido ganado, metiendo ruido, pitando con sus coches y gritando como energúmenos-

-Oh vaya, pues no deben ser muy inteligentes.-

-No lo son Timy, no lo son.-

Esta entrada va dedicada a todos los garrulos de mierda de san vicente, ojala gane Alemania para que yo pueda bailar, si bailar...

domingo, 27 de junio de 2010

Las suaves y frías gotas de lluvia caían sobre mis hundidos hombros, mojando la carga que se cernía sobre ellos con pequeñas dosis de culpa. Los pequeños pedacitos de cristal brillaban como estrellas escarlata en un oscuro fondo de asfalto, mientras los árboles alrededor se me antojaban viejos y sabios jueces, tristes testigos de mi insensatez. “Tú…tú…has sido tú…”, me susurraba el viento, acusador, “es tu culpa…para siempre...para ellas”. Y tenía razón, si no hubiera tenido tanta prisa por llegar a aquel sitio maldito, podría haber vuelto, evitando el asesinato de mi historia. Más adelante, un automóvil descansaba bajo un enorme sauce llorón, cubierto por sus muertas ramas, que atravesaban su techo y a su conductor, clavando a su vez una enorme estaca en mi pecho…maldita prisa, maldito antro, maldita idea, estúpida cabeza. El cielo tomaba poco a poco el color de la carretera, reflejo de la sangre que ahora la cubría. Caminé lentamente hacia el coche para siempre aparcado, introduciendo la cabeza por la ventanilla, observé aquel demacrado rostro ensangrentado; las lágrimas aún resbalaban por su inerte mejilla, surcando de ríos los desolados parajes de la piel de lo que antes fue mi rostro. Acaricié con la yema de mis insustanciales dedos el comienzo del pelo, dejando escapar finas lágrimas de mis inexistentes ojos, reflejo de las que aún permanecían en mi cuerpo. Pude imaginar en la guantera las fotos de aquella aún hermosa mujer a la que ya no podría pedir disculpas por mi estupidez, las suaves caritas de ojos azules de las mellizas, que ya ni siquiera volverían a ver a su padre para poder recordarlo.La gente se equivoca, pensé: la muerte no es lo terrible, lo terrible es el crimen, el asesinato de una vida, de una historia, la muerte de lo que podría haber sido la vida de aquellas personas de mis fotos. Y la causa fue mi inconsciencia; la consecuencia, la muerte; el castigo, la culpa.

Zorita.