martes, 14 de junio de 2011

Felicidad.


     La felicidad, como otro amigo imaginario más, te acompañaba de la mano cuando eras niño, dibujando en tu cara esa pícara sonrisa que tan sólo desaparecía cuando los gritos de los adultos la espantaban, o bien cuando el mundo te negaba algún pequeño capricho, para volver al instante siguiente con una alegre carcajada cargada de imaginación.
     Según ibas creciendo y haciéndote del todo consciente del mundo que te rodea, la imagen infantil de tu felicidad se iba haciendo cada vez más borrosa, hasta desaparecer de tu vista, pero no de tu interior aún, y, aunque alguna vez los malos ratos pudieran espantarla, siempre volvía, amable, a tu lado.
     Pero entonces, y de aquí en adelante, te verás una y otra vez sentado en el suelo cubierto de lágrimas, pensando un momento en que nada jamás podrá solucionarse en tu vida y al siguiente tomando la temeraria resolución de resolver, ya no tus problemas, si no todos aquellos que amenacen tu vida, secando tus lágrimas con decisión y olvidándote de aquella amiga que antes te acompañaba, prefieres no buscarla, ¿para qué?, si al mínimo indicio de mal cambio se esconderá bajos las sábanas de la oscura habitación de tu interior, a llorar hasta que pase la terrible tormenta. Pero como nunca pasa, decides encerrarla allí, pues más que algo bueno parece haberse convertido en una carga que no te deja pensar con claridad ¿Tan importante es, acaso? te dices que no, pero aún así, no puedes parar de pensar en ella, sabiendo que todo puede ir mejor, pero convenciéndote una y otra vez el mundo de que no puede ser así, terminas por abandonar el esfuerzo, sustituido por una amable sonrisa pintada para el resto del mundo con el rotulador permanente del optimismo. Si tú no puedes serlo por ti mismo, se lo harás ser a los demás. Y descubres que no es tan difícil, aunque sí sacrificado; decides quedarte en casa, con tu familia dividida, decides servir de apoyo incluso a quien antes debía apoyarte a ti, incluso a quien debería ser apoyado por la misma persona que tú, incluso a quien sabes que jamás te apoyará. Empiezas a cuidar del mundo, ocultándote con tu antigua felicidad en su oscura habitación...ojos que no ven, corazón que no siente. Tan sólo te consuelas descansando, tumbada en el suelo, con tu cabeza pegada a la de una gran amiga, sabiendo que para ella la vida es tan injusta como para ti. Y entonces, después de la decepción de darse cuenta de que nunca nadie dará por ti lo que tú des por él, y aún menos si es por costumbre el servirle de apoyo, después de conocer al fin tantos falsos amigos, después de esos amores fallidos que todos tenemos alguna vez, después de los olvidos de tu familia hacia tu esfuerzo, encuentras, sorprendido y desconfiado, a una edad quizá algo temprana para muchos, la perfecta para tu madurez, la gran excepción de tu vida, la más plena y brillante de las alegrías, esa que te rescata de todo y todo lo eclipsa, llenándote el alma de paz y el corazón de alegría, esa que crees jamás podrá terminar, pues es demasiado buena para ello, esa que libera tu felicidad de su oscura celda con un rayo de luz, que te devuelve las ganas de hacer feliz al mundo, incondicionalmente. Y lo haces, pero por desgracia, es esta felicidad la que hace que te des cuenta de las injusticias del mundo, tu odio se rebela contra todo aquello de lo que careciste cuando lo necesitaste, de todo aquello que te hizo olvidarte de tu felicidad para buscar la de los demás, pues ahora, y quizá algo tarde, te das cuenta de que nadie va a pagarte por ello jamás, pues, aunque antes aún guardabas la ilusión por ello, ahora ya no puedes hacerlo, así que te desentiendes de todo lo que no sea ser feliz con el amor de tu vida, y lo cuidas con tanto esmero, forzando tanto su estancia a base de cambios, de perfeccionamiento, con los que ella (tu felicidad) sólo huye más de tu lado, pues no puede existir en la jaula que le has creado, y tú, asustado, tan sólo entiendes que deseas mantenerla a tu lado, aunque sea a base de fuerza. Y por esta fuerza es por la que se va degradando poco a poco, asustando de nuevo a tu felicidad, que amenaza de continuo con hacer las maletas y largarse para siempre de tu lado. Pero entonces aprendes, tal como Séneca, que las cosas deben seguir su curso, su naturaleza, y que si aceptas esto como tuyo la felicidad será la que venga a ti, será una felicidad ya madura, tranquila, esa que espera que todo suceda, será la felicidad tolerante, la que acepta las cosas tal como vienen con una sonrisa, cambiando sólo lo que tu naturaleza pide que cambies, liberando tu alma de todo odio irracional, haciendo de él como las cenizas de un papel quemado arrastradas por el viento hasta quién sabe dónde. Parte de ese odio seguirá ahí, pues está, por desgracia, en la naturaleza del ser humano el albergar odio y violencia en su interior, pero será un odio que aceptes con calma, por lo que será un odio que no impida tu dicha tranquila y segura. Aún así y a pesar de todo, esta tampoco será una felicidad llana y lineal, pues esta tranquilidad, esta forma de abrir la mente a cualquier pensamiento y opinión, de aceptar lo que te rodea con calma, sin poder cambiarlo, y aceptar lo que hay en tu interior con seguridad, cambiando tan sólo aquello con lo que no puedes convivir y ser feliz, esta felicidad tranquila te llevará a constantes luchas y desacuerdos contigo mismo, no será una felicidad que pueda durar, por lo menos no en su principio de existencia, pues, después de tantas veces haberla perdido, después de tantas veces haberla cambiado, ella ya no vendrá a ti, pues demasiadas veces ha vuelto para ver cómo alguien la echaba de una patada, demasiadas veces ha huído y desde la distancia ha visto cómo fingías su cercanía con sonrisas de lágrimas ocultas, y ahora, la única manera de conseguir que tenga algo menos de miedo a volver es precisamente la que la hace alejarse de ti, pues has aceptado la naturaleza de tu mundo, pero ésta no está dispuesta a hacer lo propio contigo. El resto de tu gente no te aceptará ni comprenderá como tú, pues el ser humano no conoce de estabilidad, sólo de cambios, por lo que quizá no sea tan tolerante con tu nuevo pensamiento, haciendo, ya que tú has eliminado por completo la poca coraza que tenías, que la poca luz que te queda huya asustada, herida, y al ser tú un ser humano como todos, una pequeña parte en ti se rebelará, diciéndote que el conformismo no es ni de lejos la solución. Y en este debate de tus naturalezas, así como cuando tus padres discutían en la cocina, tu felicidad se esconde a llorar bajo las mantas de tu habitación. Y ahora, que he aceptado por fin lo que necesitaba aceptar para ser feliz, la felicidad parece haberse puesto conmigo en una huelga muy difícil de terminar, parece ser necesario que en ningún momento todas las cosas de mi mundo puedan salir bien, pues, aunque este ha sido el gran año de cambios en mi vida, el año en el que más del 90% de mis problemas parecen haberse solucionado, también han aparecido unos nuevos, más adultos, que de ningún modo son menores a los que antes tenía, pues ahora, la preocupación por la falta de dinero, de trabajo, de asignaturas aprobadas, de amigos que lo sean de verdad (pues, aunque es cierto que he encontrado la verdadera amistad por fin en una persona que antes no esperaba llegara tan lejos por las grandes diferencias que nos separaban, otras tantas amistades que consideraba importantes han demostrado valer muy poco), de la falta de atención en mi casa, de comprensión en la otra, de tranquilidad estable en mi relación, parecen provocar la amenaza hacia mi felicidad de volver a salir huyendo. Y es que me he dado cuenta de que es una felicidad muy frágil, que pienso tan sólo puede arreglarse llevando a la máxima mis nuevas ganas de comprensión y aceptación, pues, para qué preocuparse de lo que pasará, si aún no ha pasado, y para qué preocuparse de lo que pasó, si ya no existe, para qué preocuparse de quien no DESEA hacerlo por ti, si en realidad no merece tanto la pena. Y mientras espero saco las fuerzas de, quizá de la falta de pensamiento que últimamente me define, así como la falta de sobreesfuerzo hacia cosas que sé no merecen tanto la pena como yo creí en su momento, para seguir levantándome temprano, estudiando, trabajando y siendo dulce y amable con los seres que me quieren, sonriendo sin dejar entrever el cansancio y, puesto que soy persona, derrumbándome de vez en cuando de la más estrepitosa de las maneras.
     A todo esto quiero añadir otro pensamiento: y es que, a pesar de todo lo que haya podido pasar en mi vida, es la falta de encabezonamiento, orgullo, ira y...todos los sucesos de este año, los que me han hecho perder las ganas de buscar la felicidad, y a ella las de venir a mí. Aún así, sé que ha sido culpa mía, por mi anterior manía del cambio, de la falta de perfección en lo imperfecto de mí. Ahora me arrepiento de tanto...aún sabiendo que precisamente este arrepentimiento es la continuación de esa manía. Por lo menos he llegado a comprender algo: y es que no todo es tan importante como nos creemos, todo cambiará, y aunque no podamos evitarlo, no deberíamos sentirnos mal con ello, pues muchas veces, aunque no sepamos verlo en el momento, más tarde nos hará feliz. Y que debemos ser felices tan sólo por lo que hay en este momento a nuestro alrededor, sin pensar en las cosas que no son fruto más que de nuestro pensamiento abstracto, ser felices incluso si no podemos ser felices con esto, comprendiendo que es nuestra naturaleza, que es así como lo necesitamos, y que, si no puedes serlo ahora, déjate dominar por tus miedos, sácalos y aprende de ellos, así como de tus errores, para ser feliz en el instante siguiente en que tus lágrimas hayan salido de tus ojos. Así que seguiré sonriendo en los momentos en que mi cabeza me diga que a pesar de estar todo mal, todo está bien. Pues es esta falta de inquietud la que, a pesar de a veces ir en contra de mí misma, me hace ver esas pequeñas cosas brillantes que sigue habiendo a mi alrededor, y hace que me fije en las que de verdad han de importarme, que estarán siempre conmigo, de manera incondicional, comprendiéndome y aceptándome, no aquellas que al segundo están y al siguiente han desaparecido sin dejar rastro alguno.
     Por eso, y aunque ahora mismo esté cubierta de mierda hasta el cuello, aprender a levantar la mirada ha hecho que vea el sol, y ahí estoy, llena de mierda pero sonriendo como una niña ingenua y feliz.
     Por último, recordar que si tienes algún problema grave contigo mismo sólo tienes que decidir cambiarlo, y hacerlo, que si lo tienes con el resto lo que debes hacer es uso de tu tolerancia, respeto y comprensión, tan sólo hace falta ponerse en el lugar del otro y sonreir con dulzura. Y si, a pesar de esto hay algo con otra persona que no te hace feliz, quizá deberías dejar de tomártelo tan a pecho y esperar, disfrutando de cada momento a su lado, pues seguramente en menos tiempo de lo que pensabas esa persona desaparezca de tu vida por la imposibilidad de encajar en ella. Y si así pasa y pierdes esa relación, aunque te lamentes, puesto que perder alguien querido es algo que nuestra raza lamenta en profundidad, debes pensar que podrás tener muchas más, con personas que quizá puedan ser y hacerte feliz a tu lado. Por esto, no debes guiar tus decisiones por el miedo a perder algo que ya no es nada, o por miedo al qué pasará, pues nada es eterno, todo muere, y retener a tu lado un imposible lo único que puede hacer es que desaparezca tu felicidad. Con esto, no estoy diciendo que deba darse por imposible cualquier cosa desde el principio, pues si crees que algo te hace feliz, debes esforzarte al máximo en conseguirlo. Y si alguna vez te sientes del todo hundido y no sabes salir, siéntate al aire, cierra los ojos, respira, escucha, sonríe, y date cuenta de lo maravillosa que puede llegar a ser la vida, incluso con sus grandes defectos, pues sólo hay una, y se va formando poco a poco de lo que haces a cada momento, al lado de las personas que amas y te aman por ser como eres.
     Y después de este largo y pesado pensamiento en el que seguramente no haya conseguido transmitir ni la mitad de lo que deseaba (mi cabeza está últimamente en otras cosas) me voy a seguir estudiando, que por desgracia es lo que toca.
Carpe Diem ^^
Zorita.

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